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Secuestradores exprés en el Metro

Desafortunadamente la Cd de México sigue con inseguridad. Este es otro caso mas.

Caminan sin hablar con nadie, se forman en esa fila y se van hasta la terminal. ¡Si hablan con alguien ya se fregaron! “Los vamos a ir siguiendo”, esta es la amenaza de una banda que se dedica a desvalijar y secuestrar virtualmente a pasajeros del transporte público que llega y sale del paradero Constitución del Metro.

Las víctimas son abordadas arriba del transporte público y la negociación con la familia es mediante el celular de los levantados virtuales.

Las denuncias por robo son constantes, sin embargo, no hay ningún policía que vigile la zona. De ello da constancia una policía que vigilaba los torniquetes el pasado viernes alrededor del mediodía.

Ella misma se quejó: “Desde hace tiempo nos dijeron que iban a enviar una patrulla para la vigilancia permanente, pero no ha llegado”. Sin arma y sola pretendió enfrentar a los delincuentes que huyeron.

Los vehículos son abordados en las inmediaciones de este punto, ubican a su víctima, la cercan y en voz baja le exigen entregar todo lo que lleva consigo. Se lo llevan escoltado y lo obligan a formarse en alguna de las filas de transporte que se dirige a algún otro punto al oriente de Iztapalapa. Todo ello mientras negocian con la familia el monto del rescate de un supuesto secuestro. Así lo traen de terminal a terminal en lo que dura la negociación.

La mecánica es la siguiente. Ese día, dos sujetos abordaron un camión de la Línea 166 Cananea-Metro Constitución que iba a su cupo y con seis pasajeros a pie. Ambos subieron en el cruce de las avenidas Periférico y Tláhuac.

Uno de ellos, de aproximadamente 24 años, llevaba los brazos, espalda y cuello tatuados. De piel morena, portaba una cachucha sobre la cabeza pelada a rape. Lo acompañaba otro sujeto de menor edad.

“Iban platicando, reían fuerte; se pararon antes de la puerta posterior, después caminaron hacía la puerta y más tarde se fueron hacia atrás. Seguían platicando y riendo en alto. Hasta que eligieron a sus víctimas: dos jóvenes como de 17 años de edad que escuchaban música con los audífonos”.

Estos últimos iban parados frente a la puerta trasera. Platicaban. De repente se les integraron los dos sujetos. El sujeto tatuado compartió su risa con ellos.

Los jóvenes sonrieron con ellos. Se les juntaron. Y sin dejar de reír y en voz baja le pidió los celulares bajo la amenaza de que les dejarían ir una punta si no obedecían. Seguían riendo como si fueran amigos de hace tiempo.

El sujeto tatuado se puso entre ellos, quienes lentamente sacaron sus celulares y los metieron en la bolsa del pantalón del ratero. Seguían las risas y las víctimas reían con ellos a “invitación” expresa. Sacaron su dinero y lo colocaron en ese pantalón ajeno.

El camión llegó al Metro Constitución y las víctimas bajaron escoltadas por los dos rateros; los desviaron del tren hacia donde iban y se los llevaron a otro andén donde los formaron en otra fila de transporte. En el camino les fueron sacando más cosas y los amenazaron: “toman ese micro y se bajan hasta donde llegue, si hablan con alguien los picamos. Los van a ir siguiendo”.

Toda la trama fue observada por algunos pasajeros, entre ellos un judicial de la procuraduría capitalina que viajaba desarmado en el mismo camión; éste, acompañado de la mujer policía que vigila en los torniquetes de entrada al Metro, pretendió seguir a los delincuentes, pero no los ubicaron.

Fue cuando la mujer policía se quejó de la falta de vigilancia en el paradero. Al subir la escalera, de regreso a los torniquetes, se encontraron con personal de vigilancia del Metro vestidos de civil. Lo mismo, la queja: no hay policías. No pudieron hacer nada.

Pero ahí no paró todo y no se percataron que los asaltantes estaban al final del paradero, desde donde seguirían al microbús que llevaba a los dos jóvenes “secuestrados”.

Uno de ellos, cuenta, “nos formamos en la fila que nos indicaron, subimos al microbús y se fue rumbo a las minas por una calle que se llama Insurgentes. Teníamos mucho miedo, pues sabíamos que alguien iba vigilándonos; fue un viaje como de 40 minutos”.

Al llegar a la terminal, ahí estaban ellos en un vehículo y nos ordenaron regresar en otro microbús al mismo Metro Constitución. Fue otro tiempo igual, pero al llegar ya no los vimos; preferimos regresar a nuestras casas…”.

Al llegar su familia los abrazó. Habían dado 10 mil pesos por su “liberación”. Ellos nunca supieron que habían estado secuestrados. Hasta que llegaron a su casa.

Francisco Mejía

Fuente: http://www.milenio.com/index.php/2007/08/15/107136


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